La clasificación en la lengua de señas colombiana (LSC)

  • Lionel Antonio Tovar Universidad del Valle, Cali, Colombia
  • Lorenzo López Gómez Universidad del Valle, Cali, Colombia

Resumen

En este artículo se continúa con la exploración de las funciones del lenguaje académico en la lengua de señas colombiana (LSC), iniciada desde Tovar (2004, 2008, 2017). El propósito del estudio es presentar la estructura de la clasificación en LSC, tal como aparece en textos producidos por informantes sordos durante discusiones metalingüísticas suscitadas a partir de textos escritos de clasificación en español. Primero se presenta el origen de las taxonomías en la ciencia moderna y la estructura léxico-gramatical de la clasificación en español. Seguidamente se dan ejemplos de los textos producidos por los señantes, para ilustrar y analizar la léxico-gramática de la clasificación en LSC.

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Biografía del autor

Lionel Antonio Tovar, Universidad del Valle, Cali, Colombia

Doctor en Lingüística, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela; M.A. en Lingüística, University of Kansas, EE.UU. Sus áreas de docencia e investigación actuales incluyen la enseñanza y adquisición de segundas lenguas, el bilingüismo y la educación bilingüe, y la planificación lingüística de lenguas minoritarias. Su trabajo se ha orientado en estas áreas principalmente hacia las necesidades de la comunidad de sordos colombiana y su lengua de señas colombiana (LSC). Actualmente es director del programa académico de Tecnología en Interpretación para Sordos y Sordociegos, y director del Grupo de Investigación en Bilingüismo, en la Universidad del Valle (Cali, Colombia). Correo electrónico: lionel.tovar@correounivalle.edu.co

Lorenzo López Gómez, Universidad del Valle, Cali, Colombia

Candidato a Magíster en Estudios Interlingüísticos e Interculturales, Universidad del Valle; Licenciado en Español y Comunicación, Universidad de Pamplona. Tiene amplia experiencia como traductor/intérprete de lengua de señas colombiana (LSC) y en los últimos cinco años se ha desempeñado como profesor de LSC, Modalidades Discursivas en LSC y Práctica de Interpretación en el programa de Tecnología en Interpretación para Sordos y Sordociegos de la Universidad del Valle (Cali, Colombia), y como profesor de LSC en la Universidad San Buenaventura y la Universidad Santiago de Cali. Ha hecho investigación en traducción/interpretación bimodal. Actualmente es el presidente de la Asociación de Intérpretes de Lengua de Señas del Valle del Cauca (ASIVAL). Correo electrónico: lorenzo.lopez@correounivalle.edu.co

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Publicado
2018-02-13
Como citar
TOVAR, Lionel Antonio; LÓPEZ GÓMEZ, Lorenzo. La clasificación en la lengua de señas colombiana (LSC). Lenguaje, [S.l.], v. 46, n. 1, p. 11-40, feb. 2018. ISSN 2539-3804. Disponible en: <http://revistalenguaje.univalle.edu.co/index.php/lenguaje/article/view/6194>. Fecha de acceso: 15 dic. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/lenguaje.v46i1.6194.
Sección
Artículos de investigación

Palabras clave

lengua de señas colombiana (LSC), política y planificación lingüística, lenguas de señas, discurso académico, signalidad académica, clasificación, educación de sordos, educación bilingüe de sordos

INTRODUCCIÓN

La clasificación es la función discursiva académica que nos permite organizar las entidades o los procesos en clases o categorías. Para ello, mediante el lenguaje, elaboramos taxonomías. Wignell, Martin y Eggins (1993) definen las taxonomías como “una clasificación ordenada y sistemática de algunos fenómenos, basada en los principios fundamentales de la superordenación (cuando algo es un tipo o clase de algo más) o composición (donde algo es parte de algo más)” (p. 137).3 Este tipo de taxonomías se originó en el trabajo del botánico sueco del siglo XVIII, Carl Linnaeus (en español generalmente Linneo o con su apellido nobiliario, von Linné, 1753), quien mediante superordenación (o hiponimia) sentó las bases del actual sistema de clasificación de los seres vivos. Las taxonomías así propuestas reemplazaron sistemas de clasificación más antiguos que consistían simplemente en una descripción detallada de la planta. Así, la especie vegetal denominada por Linneo Curcuma longa (planta herbácea del sureste de la India, utilizada en gastronomía para dar color amarillo, por ejemplo en el curry) era simplemente descrita por sus características más notorias, como las que aparecen en el mismo Linneo (1753)Curcuma foliis lanceolatis utrinque acuminatis nervis lateralibus numerosissimi” (p. 2) [cúrcuma, de hojas lanceoladas acuminadas en ambos lados, con venas secundarias numerosísimas].

Como hacen ver Wignell et al. (1993), la descripción nos da una idea de la planta, pero no nos dice nada sobre su relación con el resto del reino vegetal. Para expresar una verdadera clasificación se necesita una estructura específica, que ya se ha consolidado en las lenguas con gran tradición científica.

El propósito de este artículo es presentar la estructura de la clasificación en LSC, tal como aparece en textos producidos por un grupo de informantes sordos usuarios de la lengua a partir de discusiones metalingüísticas que tomaron como base textos escritos de clasificación en español.

MARCO TEÓRICO

La literatura tradicional sobre el lenguaje técnico y científico (por ejemplo, Glidden, 1964; Mills & Walter, 1954) ya reconoce en una clasificación por lo menos los siguientes elementos: la entidad, clase o género (genus), la base o criterio de clasificación (criterion) y los miembros (species). Ninguna de las dos fuentes parte de los textos de clasificación en sí, sino de cómo llegar a la clasificación. Así, Mills y Walter (1954) hacen énfasis en que, para llegar a una clasificación, el científico o el tecnólogo debe hacer una “división lógica” de un conjunto, reconociendo las diferentes entidades que poseen características en común o similares, lo que lo lleva a la “clasificación”, pero reconocen que es mejor utilizar en general el término de “clasificación”. Para Glidden (1964), por su parte, no se debe hacer una clasificación sin antes haber hecho un “análisis”, es decir, sin haber primero dividido las partes gruesas en partes más pequeñas o, incluso, combinar partes que, para efectos prácticos, no conviene poner por separado. Subraya este autor que “toda clasificación es flexible y está sujeta a cambios sustanciales hasta que el pensamiento sobre el tema no esté completo” (Glidden (1964, p. 132). En este respecto, Mills y Walter (1954) recomiendan que los autores de la clasificación la limiten, es decir que dejen claro lo que se clasifica y con qué propósito.

Las especies o miembros de la clasificación resultan de la aplicación de una “base” o “criterio” de clasificación. Según Mills y Walter (1954) este debe aparecer explícito “como un preámbulo de la enumeración de los miembros de la clase” (p. 143). Recomiendan que se utilice un solo criterio cada vez, para evitar llegar a clasificaciones mixtas. Glidden (1964) caracteriza el criterio como “una especificación que define claramente las cualidades que una parte debe poseer para ser incluida en un grupo” (p. 132). Al contrario de Mills y Walter, considera que antes de hacer una clasificación se deben haber seleccionado por lo menos dos criterios, generalmente muchos más. En esto difieren del anterior autor, pero pareciera estar implícito que el objetivo es poder llegar a diferentes tipos de clasificación según el propósito.

A partir de la base o criterio de clasificación, se pueden entonces identificar las “subclases” y sus “miembros” o, si son muchos, ejemplos de ellos. Mills y Walter (1954) recomiendan asegurarse de que cada especie quede separada y distinta, que no haya superposiciones, haciendo lo posible por ayudar al lector a entender las diferencias entre las especies. Asimismo, si hay subclasificaciones, es decir, cuando una de las especies se vuelve la clase, se debe tratar cada una a la vez para no confundir al lector.

La información general sobre la clasificación, que aparece más que todo en la literatura tradicional sobre discurso técnico y científico, es traducida aquí ahora al lenguaje de la Gramática Sistémico-Funcional de Halliday (2014) y sus seguidores.

Los textos de clasificación buscan, entonces, incluir un elemento, denominado “entidad” en un determinado grupo o categoría, siguiendo un criterio de clasificación. La entidad, por ser un Grupo Nominal, es el sustantivo o Cosa de que se trata, y puede ser particular o general. El grado de generalidad ayuda en la especificación de la clase. En primer lugar, el vector de generalidad está determinado por las taxonomías o clasificaciones que hacemos de las entidades del entorno. Algunas Cosas aparecen en un nivel máximo de generalidad, como los sustantivos llamados por Halliday y Hasan (1976) “sustantivos generales” (p. 274). Estos se refieren a los rasgos semánticos que definen las principales clases de sustantivos, así: [+humano]: gente, persona, tipo, niño, hombre, mujer, bastardo; [+consciente ±humano]: criatura; [+consciente -humano]: bruto, bestia; [-consciente +concreto]: cosa, objeto, vaina, tontería; [-consciente -concreto]: asunto, cuestión, aspecto; [+lugar]: lugar, sitio; [+hecho]: cuestión, idea.

Ya más particularmente, podemos tener clases que surgen de la experiencia diaria:

Entidad: frutos

Subclases:

  • frutos comestibles (manzana, fresa, guanábana, cereza, marañón, banano…)

  • frutos no comestibles (rosa, clavel, gualanday, dulcamara...)

  • frutos cultivados (manzana, pera, guayaba, níspero, mango…)

  • frutos cítricos (naranja, lima, limón, mandarina, toronja...)

  • frutos del bosque4 (fresa, mora, frambuesa, cereza, guinda, arándano…)

Estas taxonomías populares o vernáculas no se corresponden a menudo con la realidad. Así, los tomates, los pepinos, los ajíes o las berenjenas son frutos, pero en la vida diaria los categorizamos en la clase “hortalizas”, que incluye también las verduras. En cambio, en las taxonomías técnicas hay más detalles de superordenación, en las que se va de lo más general (reino) a lo más específico (especie, variedad). Por ejemplo (Citrus, s.f):5

  • Reino: Plantae

  • División: Magnoliophyta

  • Clase: Magnoliopsida

  • Subclase: Rosidae

  • Orden: Sapindales

  • Familia: Rutaceae

  • Subfamilia: Citroideae

  • Tribu: Citreae

  • Género: Citrus

  • Especies: Citrus medica (cidra)

  • Citrus maxima (pampelmusa)

  • Citrus reticulata (mandarina)

  • Híbridos: Citrus aurantium (C. maxima x C. reticulata, naranjas amargas)

  • (C. máxima x C. reticulata, con mayor proporción de esta última,

  • naranjas dulces)

El lenguaje académico, según su nivel y según sus objetivos, utiliza entidades y clases que van desde lo más especializado hasta lo vernáculo. Pero a menudo se utiliza también vocabulario subtécnico. El término, propuesto por Cowan (1974), es definido por la autora como vocabulario que es común a muchas disciplinas, pero que tiene un matiz de significado diferente en cada una. En el caso del lenguaje académico, es entonces lo más parecido a los sustantivos generales de Halliday y Hasan (1976). De hecho, se incluyen aquí también muchas palabras que originalmente eran tecnicismos, pero que han perdido ese carácter, como plantas, animales, alimento, enfermedad (compárese con los equivalentes en romance, llanta, alimaña, comida, mal), palabras todas queDefi ya son parte del repertorio cotidiano de los hablantes.

Este contínuum léxico se nota en los términos que sirven para introducir una clasificación, como los que presentan Singh y Lukkarila (2017): grupos, partes, tipos, clases, variedades, elementos, factores, categorías o dominios. Como se ha visto en los ejemplos, esta última jerarquía se ha establecido mediante una base o criterio de clasificación. Cada una de ellas es normalmente una Cosa, Grupo Nominal conformado por un sustantivo, un adjetivo o un sustantivo con pre y posmodificadores.

El criterio de clasificación, cuando aparece, también es normalmente una Cosa, o sea un Grupo Nominal, que aparece en Frases Preposicionales encabezadas por una preposición o un Grupo Preposicional como “según”, “de acuerdo con”, “con base en”, etc.

LA CLASIFICACIÓN EN ESPAÑOL

Al igual que en las demás lenguas en que se comunican conocimientos científicos, en la clasificación en español encontramos estructuras con todos o varios de los mismos elementos: la entidad que se va a clasificar, el criterio de clasificación, los grupos o categorías que surgen de la clasificación y, en algunos casos, los miembros de cada grupo o, si son muchos, ejemplos de ellos.

La estructura típica de la clasificación es una cláusula que contiene un proceso autoengendrado -el término es de Moss et al. (2003) y se refiere a lo que se conoce tradicionalmente como verbo “reflexivo” o “pronominal”-, regularmente un Proceso Mental (clasificar, categorizar, distinguir), aunque en ocasiones se trata originalmente de un Proceso Material (dividir, subdividir, distribuir, incluir) que se ha metaforizado. En cualquier caso, el Agente del Proceso Material o el Perceptor del Proceso Mental no son mencionados y el lugar del Sujeto del proceso autoengendrado lo toma el Fenómeno o el Objeto metaforizado en Fenómeno que es el causante de la percepción, como se ve en la Figura 1:

Cláusula básica de clasificación en español

Figura 1: Cláusula básica de clasificación en español

Pero, dependiendo del ordenamiento, con otros procesos mentales como distinguir o pensar, el Fenómeno puede incluir la clase junto con las subclases, que aparecen enumeradas como una elaboración del Grupo Nominal con que estas se introducen, como en las Figuras 2 y 3:

Claúsula de clasificación en español con el verbo distinguir y las clases como elaboración del Fenómeno

Figura 2: Claúsula de clasificación en español con el verbo distinguir y las clases como elaboración del Fenómeno

Cláusula de clasificación en español con el verbo pensar y las clases como elaboración del Fenómeno

Figura 3: Cláusula de clasificación en español con el verbo pensar y las clases como elaboración del Fenómeno

Tanto en estos ejemplos anteriores como en el siguiente, el Proceso a menudo puede acompañarse de una modalidad, más específicamente modalización de probabilidad o de habitualidad. Esto se ve en la Figura 4:

Cláusula básica de clasificación en español con modalización

Figura 4: Cláusula básica de clasificación en español con modalización

En otros casos, sobre todo cuando se utiliza el Proceso categorizar, se menciona en la Circunstancia la palabra prototipo que indica el tipo, clase, grupo, categoría, etc., en cuyo caso los tipos, grupos, clases o categorías aparecen como una elaboración con un Deíctico o Numerativo como premodificador. La Figura 5 presenta un ejemplo:

Cláusula de clasificación con las clases como elaboración de la Circunstancia

Figura 5: Cláusula de clasificación con las clases como elaboración de la Circunstancia

La clasificación se puede expresar también mediante un Proceso Existencial, en cuyo caso las subclases aparecen como elaboración en forma de enumeración dentro del Existente, como se muestra en la Figura 6:

Cláusula de clasificación con Proceso Existencial

Figura 6: Cláusula de clasificación con Proceso Existencial

O bien se utiliza un Proceso Material, con las subclases como Actor, o un Proceso Mental, con la elaboración de las subclases como Fenómeno. Ejemplos de esto se ven en las Figuras 7 y 8:

Cláusula de clasificación con Proceso Material elaborando clases en el Actor

Figura 7: Cláusula de clasificación con Proceso Material elaborando clases en el Actor

Cláusula de clasificación con Proceso Mental elaborando clases en el Perceptor

Figura 8: Cláusula de clasificación con Proceso Mental elaborando clases en el Perceptor

Este último ejemplo demuestra también cómo los diferentes elementos de la clasificación pueden ser organizados, utilizándose en cada caso distintos tipos de Proceso, como se demuestra en las Figuras 9, 10 y 11:

Cláusula mental de clasificación con el Fenómeno en primer lugar

Figura 9: Cláusula mental de clasificación con el Fenómeno en primer lugar

Cláusula mental de clasificación con la Circunstancia en primer lugar

Figura 10: Cláusula mental de clasificación con la Circunstancia en primer lugar

Cláusula relacional de clasificación con el Identificador/Valor en primer lugar

Figura 11: Cláusula relacional de clasificación con el Identificador/Valor en primer lugar

Cuando la clasificación es parcial, se pueden utilizar otros procesos como incluir, abarcar, comprender, encerrar, englobar, contener, incorporar, etc. como Proceso Material, con la clase como Actor (Figura 12), o como un Proceso mental autoengendrado, con la clase como Circunstancia (Figura 13). En otros casos se utiliza un Proceso Relacional atributivo, con uno de los miembros como Portador de la clase (Figura 14):

Cláusula parcial de clasificación con Proceso Material

Figura 12: Cláusula parcial de clasificación con Proceso Material

Cláusula parcial de clasificación con Proceso Mental

Figura 13: Cláusula parcial de clasificación con Proceso Mental

Cláusula parcial de clasificación indicando el Portador como un miembro de la clase

Figura 14: Cláusula parcial de clasificación indicando el Portador como un miembro de la clase

Aparte de estas estructuras básicas, la clasificación puede aparecer de diferentes otras maneras. Para el caso del inglés, Morley (2017) presenta variaciones de esta cláusula típica, también utilizadas en español. En particular, es importante resaltar que la clasificación puede ser anunciada por una cláusula aparte, como se ve en estos ejemplos inspirados en las cláusulas incompletas que presenta Morley y creados ad hoc con información de diversas fuentes:

Varias taxonomías se han desarrollado para estudiar los homínidos.

Se han propuesto diversos métodos para clasificar los microorganismos.

La taxonomía de Linneo clasifica a los seres vivos en diferentes niveles jerárquicos.

En los años sesenta, se propuso una clasificación de los homínidos que no preveía una separación temprana del hombre y los monos.

Asimismo, a menudo se presentan clasificaciones propuestas por un grupo de profesionales o por un autor específico:

  • La taxonomía de Crypturellus noctivagus propuesta por Hellmayr y Conover (1942) reconoce por lo menos diez taxones, incluyendo C. n. erythropus, C. n. atrocapillus, C. n. garleppi y C. n. duidae.

  • Algunos autores establecen una distinción entre el consenso y el consentimiento mutuo.

  • Scott, Goble, Haines, Wiens y Neel (2010) categorizan algunas especies como “dependientes de los esfuerzos de conservación” (p. 91).

Como se ha visto, entonces, en español, aparte de una estructura básica, hay variadas maneras de presentar una clasificación. Asimismo, no siempre aparecen todos los elementos. En particular, el criterio tiende a dejarse implícito.

Al igual que la definición, la clasificación puede aparecer como función auxiliar o ser la función principal de todo un texto. Singh y Lukkarila (2017), por ejemplo, reconocen como uno de sus “patrones de organización” el de la clasificación, que los escritores utilizan cuando quiere ayudar a sus lectores a reconocer esta función.

En Widdowson (1979), por su parte, se señala que cuando un texto es básicamente de clasificación, la información se puede disponer de lo general a lo particular, pero lo contrario también es posible. El siguiente ejemplo va de lo general a lo particular, que es el ordenamiento preferido:

Los seres vivos establecen interacciones con el ambiente que los rodea y entre ellos mismos con el fin de conseguir alimento y energía. Se conocen nueve tipos principales de interacciones: mutualismo, cuando es una relación al mismo tiempo obligatoria y beneficiosa para ambos organismos, por ejemplo las algas y los hongos forman un liquen, en el que el alga aporta el alimento que produce y el hongo le da un soporte y protección; comensalismo, cuando una de las especies sale beneficiada y la otra no sale ni beneficiada ni perjudicada, por ejemplo las plantas que crecen sobre los árboles altos para tener luz; amensalismo, cuando una de las especies sale perjudicada, por ejemplo en una selva los árboles altos y frondosos no dejan pasar la luz para las plantas pequeñas que crecen debajo de ellas y estas mueren; parasitismo, cuando un organismo se beneficia y el otro sufre, pero no muere, por ejemplo los piojos en el cabello de una persona; depredación, cuando uno de los organismos sale beneficiado y el otro sale perjudicado o muere, por ejemplo el cocodrilo que mata y devora un venado; competencia, cuando dos organismos o grupos de organismos necesitan un mismo recurso, por ejemplo diferentes especies de pájaros que se pelean por un territorio en el que hay alimento; cooperación, cuando cada una de las especies se beneficia, por ejemplo el ganado y los pájaros que se alimentan de los parásitos que estos llevan encima; canibalismo, cuando un organismo se come otro de otra especie, por ejemplo las salamanquesas; por último, carroñería, cuando un organismo se alimenta de los cadáveres de otros organismos, como los gallinazos o las hienas. (Adaptado de Samacá, 1999, pp. 44-45).

El siguiente, en cambio, va de lo particular a lo general:

Los microorganismos fueron considerados un tiempo como miembros del reino Plantae, o sea las plantas, al contrario de los protozoarios, que eran clasificados como Animalia, o sea los animales. Con el tiempo, resultó obvio que esta clasificación arbitraria llevaba a confusiones e, incluso, a absurdos. Un virus o una bacteria que infecta un animal no puede, bajo ningún criterio, ser considerado una planta. Una clasificación posible es considerar los hongos, las algas y las bacterias en un reino aparte denominado Protista. Los virus y los agentes subvirales descubiertos recientemente no han podido ser clasificados adecuadamente, de modo que se los considera un grupo en sí mismos. Las Plantae, los Protista y los Virus, junto con los Animalia son los reinos en que se pueden clasificar los organismos vivos. (Adaptado de Widdowson, 1979, pp. 72-73).

Para finalizar esta sección, es conveniente recordar la diferencia que establece Martin (1993, pp. 228-229), citando un ejemplo de Shea (1988), entre la clasificación en las ciencias naturales y las tecnologías, y la clasificación en las ciencias sociales. En estas últimas, los términos técnicos no necesariamente se retoman con el mismo Grupo Nominal. Así, en su ejemplo, en un reporte histórico una clase como “mujeres que ingresan a filas” se subdivide en “mujeres miembros de tiempo completo de las fuerzas armadas”, “mujeres en fuerzas guerrilleras regionales” y “mujeres en unidades locales de autodefensa o mujeres milicianas”. Sin embargo, cuando se retoman en el texto, ya no lo hacen con el mismo Grupo Nominal. Así, los dos últimos tipos, reaparecen como “unidades guerrilleras regionales” y como “mujeres milicianas” o “unidades de autodefensa local” respectivamente. Esto indica que, en las ciencias sociales, la clasificación, a pesar de tener la misma estructura, estaría sujeta a recursos estilísticos propios, como este de hacer mayor uso del sistema textual de la cohesión léxica, en este caso la identidad por sinonimia, una de las relaciones léxicas de expansión mediante desarrollo que identifica Halliday (2014). No sobra añadir, sin embargo, que este recurso está igualmente disponible para los escritores en ciencias naturales y tecnologías, pero no parece ser tan común en ellas.

METODOLOGÍA

Al igual que en el caso de la definición en Tovar (2017), el trabajo se inició con presentaciones y discusiones metalingüísticas a partir de textos escritos de clasificación en español, pues el objetivo del programa de investigación es el desarrollo de lenguaje académico equivalente en LSC. Se sigue pensando que la base del lenguaje científico se halla en textos escritos, como lo hacen ver Greimas (1970/1973) y Halliday (2004). Pero, tratándose de una lengua en el canal viso-espacio-gestual, es conveniente que sean los mismos sordos los que le den forma al discurso académico de modo que sea adecuado para la comunicación cara a cara en su lengua.

Los informantes fueron tres maestros de una escuela para niños sordos de Cali, usuarios de la LSC, de entre 28 y 34 años. Al momento de la recopilación del corpus los informantes A y C tenían título de tecnólogo, mientras que el Informante B tenía un título de tecnólogo y, además, cursaba estudios de nivel de profesional universitario. Como casi todos los sordos colombianos, no tienen aún un nivel de suficiencia en español escrito que les permita leer autónomamente, por lo que fue necesario contar con los servicios de traducción e interpretación del coautor.

La recopilación del corpus se hizo en cuatro talleres de lectura, discusión, y construcción y grabación de textos, para un total de 11 horas. Se trabajó un número igual de textos de clasificación, de los cuales se presentan aquí los más ilustrativos de manera completa o resaltando lo que es más típico de esta función en LSC. Una vez los informantes captaban el significado del texto escrito de base con la ayuda del intérprete y del investigador principal, construían el texto en señas y lo practicaban hasta aprendérselo y poder exponerlo ininterrumpidamente delante de la cámara. Como el propósito era primordialmente discursivo, se evitó crear neologismos. Si había necesidad, los informantes utilizaban el deletreo manual, a veces acompañado de una seña ad hoc, como se puede ver más adelante en el caso de la toma 157 sobre clasificación de los seres vivos. El investigador y su intérprete y coautor se reunieron entonces durante aproximadamente 20 horas para el trabajo de transcripción y análisis inicial, que fue completado por el investigador en la preparación del informe final. Los textos seleccionados fueron transcritos manualmente, utilizando el sistema propuesto por Liddell y Johnson (1989) y Oviedo (2001, 2004). El protocolo principal de análisis fue, conjuntamente con grabaciones en video, una matriz con glosas de señas completamente especificadas léxicamente y transcripciones fonéticas de las no especificadas, incluyendo la actividad de los articuladores no manuales, una o más posibles traducciones y comentarios que surgían del conocimiento de la LSC por parte del coautor y que iluminaron enormemente el análisis.

El énfasis estuvo en descubrir y consignar las marcaciones léxicas y gramaticales típicas de la clasificación en LSC, tal como aparecen en los textos producidos por los señantes. Para este análisis léxico-gramatical se siguió la Gramática Sistémico-Funcional de Halliday (2014), así como los aportes de otros autores de su escuela, sobre todo Thompson (1996, 2014). Una vez más se vieron las dificultades de la aplicación de un modelo creado para el inglés a una lengua viso-espacio-gestual, pero siempre fue posible tener una descripción satisfactoria.

LA CLASIFICACIÓN EN LSC

En LSC, la clasificación presenta la misma estructura que en español y otras lenguas con amplia literatura científica, pero debido a la diferencia de modalidad esta estructura se realiza de maneras específicas. Asimismo, puede potencialmente presentar todas las características que se han mencionado para el español, pero debido a que aún no hay un número significativo de sordos colombianos que manejen conceptualizaciones en ciencias, la LSC académica no ha llegado al mismo grado de desarrollo y no muestra espontáneamente aún tanta variedad. Los ejemplos obtenidos a continuación por elicitación a partir de textos escritos en español demuestran, sin embargo, ese potencial.

En primer lugar, entonces, la clasificación en LSC también presenta una estructura con clase, un proceso que indica la clasificación, subclases o miembros y, si se quiere, se expresa también el criterio. En la Figura 15, similar a las utilizadas para el español, se muestran tres filas: una para los rasgos no manuales (RNM) que se consideran distintivos, es decir, para la praxis muscular corporal y facial diferente de la de las manos: Cuerpo, Cabeza, Ceño, Párpados, contacto visual (C+), dirección de la Mirada, Nariz, Mejilla, Boca, Lengua y Mandíbula (cuando se dan cambios en los RNM que acompañan una misma seña, esto se indica con una flecha →); otra para la actividad de la mano activa o dominante (MA); finalmente, otra para la actividad de la mano pasiva, subordinada o no dominante (MP). Los parpadeos se muestran con el símbolo ⯅. Estos parpadeos podrían ser indicio de marcación de cláusula o simplemente un recurso fisiológico para humedecer la córnea (Baker & Padden, 1978; Tovar, 2006; Wilbur, 1994).6

Toma 126 Clasificación: ANIMALES (Informante A)Toma 126 Clasificación: ANIMALES (Informante A)Toma 126 Clasificación: ANIMALES (Informante A)

Figura 15: Toma 126 Clasificación: ANIMALES (Informante A)

La clase se indica con un Grupo Nominal que, al contrario que en español, no va marcado en plural y, como suele ser el caso en las lenguas de señas, no lleva un Deíctico premodificador: Por contexto, hay que traducirlo como “los animales”. Para indicar el proceso, se coloca la seña bimanual GRUPO-1 (1234+°/o+), que presenta tres ubicaciones en el espacio, que no parecen tener importancia discursiva, sino solo léxica, aquí con el sentido de ‘clasificar’. El criterio se marca en parte con el rasgo no manual de CabezaLadeadaIzquierda, que indica condición, en unos sordos más marcado que en otros, reforzado con la seña bimanual DEPENDER. Luego se enumeran las tres subclases mediante la colocación, en cada caso, de la seña GRUPO-2 (1234crzα/o+) en una ubicación específica, señalándose cada subclase con el ÍNDEX (1+/o-) apuntando al vector del espacio que le corresponde.7 Su nombre se indica en seguida mediante un Grupo Nominal que actúa como Clasificador. Si no fuera porque no se utilizó el parpadeo para la última subclase, se podría haber pensado que este rasgo no manual es marca de la enumeración.

Al igual que en español, es posible trocar en LSC el orden de los elementos de la clasificación. Puede así aparecer como Tema lo que aparentemente es parte de un Proceso Relacional Posesivo (atribución), marcado al final con el posesivo de tercera persona, POS-3, que en otros contextos -por ejemplo, Tovar (2008)- actúa efectivamente como Proceso Relacional. Los subtipos son, entonces, el Atributo, del que aparece inicialmente el número de grupos y es elaborado en las tres categorías más adelante, como muestra la Figura 16:8

Toma 128 Clasificación: ANIMALES (Informante A)

Figura 16: Toma 128 Clasificación: ANIMALES (Informante A)

O pueden aparecer, como en la Figura 17, primero las subclases. En este ejemplo, no aparece explícito el proceso porque es un Proceso Relacional identificatorio, que normalmente no se marca en LSC, pero se nota su presencia por la cláusula interrogativa (pregunta retórica) marcada por CabezaMueve y NarizFruncida. Por alguna razón, el señante no ve la necesidad de hacer esta marcación con los otros dos grupos, al igual que no los señaló con ÍNDEX, igual que sucedió en el ejemplo anterior, tal vez una forma de ELIPSIS permisible en estos casos:

Toma 129 Clasificación: ANIMALES (Informante A)

Figura 17: Toma 129 Clasificación: ANIMALES (Informante A)

Otra forma que se utiliza para indicar que se está haciendo una clasificación, en lugar de la seña GRUPO-1 con el sentido de ‘clasificar’ o ‘clasificación’, es indicando los grupos en el espacio mediante la seña GRUPO-1 (1234+°/o+) y luego indicándolos y denominándolos (Figura 18). Nótese la sinécdoque de PEZ en lugar de AGUA (ACUÁTICO):

Toma 132 Clasificación: HABITATS (Informante C)

Figura 18: Toma 132 Clasificación: HABITATS (Informante C)

En LSC se puede utilizar también un Proceso Existencial como EXISTIR/HABER, marcado normalmente con el rasgo no manual de MejillaInfladaDerecha (Figura 19):

Toma 139a Clasificación: HABITATS (Informante C)

Figura 19: Toma 139a Clasificación: HABITATS (Informante C)

Otro Proceso Existencial se da con la utilización de la seña EN-VARIAS-PARTES, que como proceso equivale a ENCONTRARSE (Figura 20):

Toma 139b Clasificación: HABITATS (Informante C)

Figura 20: Toma 139b Clasificación: HABITATS (Informante C)

Los textos cuya función principal es la clasificación presentan también en LSC espontáneamente una ordenación de lo general a lo particular. Por ejemplo, en una clasificación de las enfermedades parasitarias, el texto en LSC (traducido y regularizado para conformarlo al uso académico español) se inicia de la siguiente manera:

Toma 144 Clasificación: ENFERMEDADES PARASITARIAS (Informante B):

Generalmente, se consideran dos tipos de enfermedades parasitarias: endoparasitarias y ectoparasitarias. [...]

En cambio, en un texto no espontáneo en LSC sobre la clasificación de los microorganismos (traducido e igualmente regularizado) encontramos una ordenación de lo particular a lo general, ya que sigue el texto original de Widdowson (1979), arriba.

Toma 157 Clasificación: SERES VIVOS (Informante C):

Los microorganismos se consideraban un subgrupo de las Plantas, en el cual se encontraban los virus y las bacterias. También se consideraba un grupo de Animales. Algunos pensaban que el grupo de las Plantas afectaba el de los Animales por los virus y bacterias allí incluidos. Pero no podían existir solo esos dos grupos. Entonces, se propuso otro grupo, los Protista, que es donde encontramos las algas, y todavía otro grupo, el de los Virus, que se desprende del de las Plantas. Entonces quedan cuatro grupos independientes: el grupo de las Plantas, el grupo de los Animales, el grupo de los Protista, que incluye los hongos, y el de los Virus. Todos estos grupos se denominan los “reinos” de los seres vivos.9

Este texto sirve también para ilustrar otros tres aspectos que son típicos de la función de clasificación en la LSC. En primer lugar, se corrobora la importancia de la ubicación espacial. Así, una vez se introduce el Tema tópico de los microorganismos y su posible clasificación, se comienza ubicando el grupo (es decir, “reino”) de las Plantas, en el que un tiempo, por error, se ubicaron las bacterias y los virus. Para esta ubicación, basta con utilizar la seña DENTRO en la misma ubicación de PLANTAS, representadas por sinécdoque con la seña ÁRBOL[plural]. Todo esto se ve en la Figura 21:

Toma 157 Clasificación: SERES VIVOS (Informante C)

Figura 21: Toma 157 Clasificación: SERES VIVOS (Informante C)

Otra particularidad es que la seña que hemos denominado hasta ahora GRUPO-2 (1234crzα/o+), y que aparentemente es un sucedáneo de GRUPO-1 (1234+°/o+), se comporta de una manera que hace pensar que podría tratarse de una seña con configuración manual clasificadora. En efecto, según la terminología de Liddell (2003), podría tratarse de un “verbo representacional (depicting verb) de colocación de una entidad o grupo de entidades en el espacio (ES-UBICADO-EN)” (p. 362). En ese caso, se tendría una configuración manual clasificadora, CL:1234crzα/o+ [conjunto de entidades agrupadas], con orientación dorso hacia el interlocutor y base hacia el piso, ubicada en un vector espacial específico con un ligero movimiento hacia abajo, como es el caso de los clasificadores. Así, para indicar que el grupo (“reino”) de los Protista se desprendió del de las Plantas para formar un nuevo grupo, la seña GRUPO-2, reinterpretada como CL:1234crzα/o+ [conjunto de entidades agrupadas manipuladas], en este caso ES-MOVIDO-DE[MP]-A-[mV0pecho], es decir se mueve de la ubicación en que está esa misma seña representando las Plantas a una nueva ubicación, indicando así que es un nuevo reino.

El primero en sugerir esto fue el intérprete y coautor, que se apoya en las transcripciones. Alejandro Oviedo lo considera también una posibilidad, sobre todo si el sordo ha identificado su significado antes con una seña completamente lexicalizada (comunicación personal, 14 de julio de 2017). Sin embargo, como esto no sucede siempre, como se ve en casi todos los ejemplos anteriores, el investigador y autor principal no ha acogido aún esta propuesta completamente. Además, en opinión de una intérprete de muchos años, pareciera que el uso de la CM:1234crzα/o+ fuera más reciente que la CM:1234+°/o+, ambas con el significado de ‘grupo’ (Claudia Duarte, comunicación personal, 12 septiembre 2017). En el siguiente trozo (Figura 22) aparece también una tercera forma para ‘grupo’, que es el GRUPO-2, pero asido por la otra mano con CM:1234^°/o+c+, que se ha denominado GRUPO-3, y que el intérprete y coautor interpreta como GRUPO-2 acompañada de un Deíctico demostrativo enfático:

Toma 157 Clasificación: SERES VIVOS (Informante C) (Más adelante)

Figura 22: Toma 157 Clasificación: SERES VIVOS (Informante C) (Más adelante)

Desde luego que otras interpretaciones son también posibles, ya que, como hace ver Schembri (2003), las estructuras de las lenguas de señas consideradas tradicionalmente como configuraciones manuales clasificadoras (Oviedo, 2001, 2004), verbos representacionales (Liddell, 2003) o verbos policomponenciales (Schembri, 2003) reciben otras interpretaciones según los autores. Schembri mismo (2003) postula que debido a las propiedades distintivas que presentan, bien pueden ser consideradas como “un fenómeno exclusivo de las lenguas de señas” (p. 3), que amerita más investigación.

Otro fenómeno digno de mención con respecto al uso del espacio en señas en general y la clasificación en particular, es que, no obstante la importancia de la ubicación, los señantes no siempre atinan a ubicar siempre las señas en exactamente el mismo vector del espacio, un hecho ya mencionado por Liddell (2003) para la lengua de señas norteamericana (ASL) y por Barreto y Cortés (2014) para la LSC. El presente autor encontró en su corpus para Tovar (2008) incluso errores garrafales en el señalamiento, pero lo tomó como inexactitudes normales en el habla, en este caso en señas. En esto, los señantes no se diferencian de los oyentes cuando señalan gestualmente entidades que han colocado en el espacio sin que estén presentes. Haviland (2000, 2003) reporta diferencias culturales en el grado de exactitud, resalta la preeminencia de la individuación de la entidad en cuestión y, utilizando una propuesta de Silverstein (1976), destaca que el hablante tiene en cuenta la comprensión que del conocimiento mutuo y del terreno común tiene el interlocutor. Asimismo menciona que, además del señalamiento con el índice o con la mano, otras partes del cuerpo, así como objetos que se sostienen, sirven para el señalamiento, acompañadas con otras actitudes corporales. Esto último es particularmente cierto en el caso de las lenguas de señas, donde la dirección de la mirada, del mentón y de los hombros, o la inclinación o ladeo de la cabeza o del cuerpo sirven para reforzar la ubicación y, por consiguiente, el área del espacio donde se ubicó un participante, no importa que no sea el vector inicial exacto. De hecho, Haviland (2003) subraya que “[el señalamiento] está lejos de ser algo simple: es complejo (a) conceptualmente, (b) morfológicamente, (c) lingüísticamente y (d) socioculturalmente” (pp. 156-157), por lo que también en las lenguas de señas amerita un estudio más cuidadoso del que ha tenido hasta el momento.

CONCLUSIONES

En primer lugar, es evidente que la LSC no solo permite la expresión de la clasificación, sino que, como se puede ver en estas elicitaciones, tiene todo el potencial de expresarla de diferentes maneras. Este potencial se irá con seguridad enriqueciendo y volviendo espontáneo en la medida en que más y más sordos alcancen niveles de escolaridad en que vean la necesidad de utilizar la clasificación.

Llama la atención también en este texto transcrito cómo los sordos van descubriendo las lagunas léxicas en su lengua, que llenan normalmente mediante deletreos (por ejemplo P-R-O-T-I-S-T-A), haciendo una seña ad hoc (como hace la informante después del término deletreado M-I-C-R-O-O-R-G-A-N-I-S-M-O-S), mediante sinécdoques (como cuando se utiliza PEZ con el sentido de ‘acuático’) o mediante extensión de significado (como cuando se utiliza un sustantivo que indica un subtipo, GRUPO, para referirse a “reino”, para lo cual deletrea este último, demostrando así que es consciente del vacío léxico).

Es conveniente, por eso, incentivar a miembros de la comunidad sorda para que construyan muchos corpus de textos académicos en diferentes áreas, incluyendo la función de clasificación, de modo que poco a poco se vaya conformando un estándar académico de LSC con su superestructura y léxico-gramática bien determinadas

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Este artículo presenta los hallazgos sobre clasificación en la investigación "Modalidades discursivas académicas en la lengua de señas colombiana (LSC)", registrada por el autor principal como investigación del Grupo de Investigación en Bilingüismo, código CI-4333, Vicerrectoría de Investigaciones, Universidad del Valle, Cali.
El autor principal agradece a sus informantes sordos en Cali, Rubén Darío Pichicá, Angélica Muñoz y Cristhian Sepúlveda, así como a su coautor, Lorenzo López Gómez, quien lo apoyó sustancialmente en la interpretación y el análisis del corpus.
Halliday (2014) denomina esta última “meronimia” (p. 61), aunque reconoce que, especialmente en el caso de términos abstractos, “es difícil establecer la distinción” (p. 648). Asimismo, las dos relaciones léxicas trabajan a menudo conjuntamente, como cuando una entidad es subclasificada con referencia a las propiedades de sus partes. En este trabajo, centrado en las ciencias naturales, nos ha parecido adecuado conservar la distinción.
Denominación prestada últimamente del italiano frutti di bosco
En realidad, hoy muchos biólogos reconocen, por encima de los “reinos”, tres “imperios”, “suprarreinos” o “dominios”: Arqueas, Bacterias y Eucariotas, y en este último está el reino Plantae.
Es posible, de hecho, que el parpadeo responda más a la función fisiológica y que el señante, por tener que mirar en la cara a su interlocutor para comunicarse, haga la pausa justo cuando cree intuitivamente haber terminado una cláusula o, por lo menos, una unidad de información. No se ha podido observar, sin embargo, una regularidad en este sentido. Por otra parte, los RNM de OjoCerrado y OjoSemicerrado, necesarios sobre todo en algunas señas léxicas y para la expresión de las emociones, pueden estar cumpliendo esta función fisiológica también.
Nótese la importancia de la ubicación en el espacio. De hecho, Clark (2003) postula con ejemplos que en la interacción diaria en lenguas orales también anclamos lo que hacemos en el mundo material que nos rodea, utilizando procesos que indican nuestra posición (“aquí estoy” o “ya estoy con usted”) y colocando o dirigiendo objetos frente o hacia los interlocutores, o señalando con el índice, la mano o la mirada a los interlocutores o a los objetos participantes en la interacción. Se ve así cada vez más claramente que la comunicación en señas tiene mucho más en común con la comunicación oral de lo que usualmente se cree.
Este tipo de vacilaciones en el análisis surgen inevitablemente al tratar de imponerle a una lengua viso-espacio-gestual un modelo de análisis concebido para lenguas orales. Bien podría postularse en casos como este otra categoría inexistente en el modelo de Halliday (2014).
En realidad, al componer el texto, la informante, por no ser especialista ni tener experiencia con el tema, no hace ver de manera tan clara que los virus y las bacterias son los mismos microorganismos. Sin embargo, lo importante en este estudio es ver los recursos de que se vale para clasificar